Sembrando entre el asfalto — sembrando

En el mundo, más personas han estado viviendo en ciudades que en el campo durante años. Actualmente, los porcentajes son 54% y 46% respectivamente. Por tanto, más de 4.000 millones de personas viven en las ciudades, lo que sin duda es una cifra alarmante, ya que cada vez hay más consumidores y menos productores de alimentos.

Hay un aumento en el número de personas que migran de las zonas rurales a las urbanas en busca de mayores oportunidades laborales o huyendo de la sequía y otros eventos climáticos que dificultan la vida rural. A estos factores hay que sumar los acaparamientos de tierras de las grandes multinacionales, la especulación con los precios de los insumos agrícolas y los alimentos, la crisis energética, etc. En definitiva, estas personas huyen de la imposibilidad de vivir dignamente en las zonas rurales.

A pesar de esto, más de 800 millones de personas están involucradas en proyectos de agricultura urbana de todas las personas que viven en la ciudad. El concepto de agricultura urbana comenzó a crecer exponencialmente en la década de los 90 del siglo XX, y en las últimas dos décadas se ha establecido de manera importante en ciudades como Rosario (Argentina), París (Francia), Los Ángeles (EEUU) , Santiago (Chile), Caracas (Venezuela), La Habana (Cuba), Lima (Perú), …

Algunas personas argumentan que no es una buena idea comer verduras que han estado expuestas contaminación ambiental disponible en las principales ciudades. Algunos estudios afirman que las hortalizas cultivadas en lugares expuestos no acumulan muchos más metales pesados ​​que las cultivadas en zonas “libres de humo”, y que no alcanzan los valores umbral de las recomendaciones de la OMS para la ingesta de cada uno de estos metales . Otros estudios hablan de los beneficios de estas sustancias que producen las plantas para sobrevivir en ambientes contaminados: así como ayudan a las plantas en estas condiciones, también ayudan a las personas que comparten ese ambiente con ellas a vivir mejor.

En cualquier caso, sin duda hay una serie de factores que hablan claramente a favor de este tipo de agricultura. En primer lugar, los alimentos producidos en los huertos urbanos contribuyen a soberanía alimentaria, a nivel personal y comunitario. Incluso hay muchos proyectos que donan parte de las verduras cosechadas para ayudar a personas desfavorecidas, a través de bancos de alimentos o diversas ONG. En esta soberanía se pueden incluir varios aspectos, desde la lucha contra la especulación en los precios de los alimentos hasta el derecho a una alimentación sana para todos oa la conservación de las propias semillas. Hablamos de producción de alimentos de «kilómetro cero» y de «proximidad», así como de sistemas económicos alternativos a los métodos comerciales dominantes.

Especialmente interesante, en este sentido, este video por David Holmgren, ¿te acuerdas? Precisamente en algunos países, entre ellos Australia, se empieza a prohibir este tipo de huertas y autoconsumo, alegando seguridad alimentaria y otras milongas que se enfocan en beneficiar a los mismos de siempre.

Segundo: no hay duda beneficios de la salud de las personas que dedican parte de su tiempo a trabajar en contacto con la tierra y las plantas. Existen numerosos estudios científicos al respecto, que puedes consultar, por ejemplo, en el libro “Back to nature” de Richard Louv. Los beneficios van desde lo físico (relacionado con el ejercicio que se puede hacer con las herramientas en el jardín) hasta lo mental, ya que los jardines comunales son un espacio para Reunión social y ayudar a mejorar la salud mental de muchas personas que viven solas o que no cuentan con entornos familiares saludables.

Además, pasar tiempo al aire libre todos los días se ha convertido en algo extraordinario para muchas personas que, en el caso de tener un jardín, se convierte en un hábito saludable que ayuda a la producción de vitamina D y estimula la producción de muchas otras sustancias que contribuyen a una buena salud.

El jardín como sala terapéutica y de fortalecimiento en muchos niveles es un tema vasto que podemos tratar con más detalle más adelante. Son muchos los proyectos que trabajan en el país con diferentes colectivos en riesgo de exclusión, como parados de larga duración, personas con discapacidad o problemas mentales, jubilados, personas venidas de otros lugares, mujeres víctimas de violencia machista, etc.

Tercero, y también indiscutible: la producción de alimentos en el entorno inmediato de los hogares representa un importante el ahorro de energía tiene su origen en el transporte. La mayoría de los alimentos que comemos tienen huellas ecologicas absolutamente insostenibles y los jardines urbanos ayudan a reducir nuestro impacto en el planeta, aunque sea mínimamente. A esto podemos agregar que mucha gente va a las huertas de su barrio a pie o en bicicleta, sumando a esto lo comentado en el segundo punto. Con ello aprendemos a consumir alimentos de temporada ya conocer el calendario fenológico de las verduras que más nos gustan.

Relacionado con el punto anterior se encuentra en cuarto lugar mitigar los efectos del cambio climático mediante la fijación de gases de efecto invernadero. Este efecto sumidero de carbono aún no puede considerarse elevado, pero en los próximos años, con el claro aumento de proyectos de este tipo y la mejora de los métodos de cultivo en estos espacios, puede aumentar en este sentido. Veremos como los bosques alimentarios se multiplicarán en muchos casos, y se minimizará el trabajo de arar la tierra y utilizar el resto de maquinaria de combustión, siendo aún mayor la aportación. Además, como sabéis, las plantas de la ciudad ayudan a refrescar el ambiente cuando hace calor y los huertos urbanos son y serán importantes por su contribución a ello.

En resumen, en Sembarres sin duda creemos en los huertos urbanos como espacios de soberanía alimentaria, para contribuir a mitigar la crisis climática, para el trabajo comunitario y para la salud personal. No se me ocurre qué más se le puede pedir a algo: saludable para las personas (física, mental, social y espiritualmente), saludable para el planeta.

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